Al pensar en el término Era Industrial, lo primero que se me viene a la mente son varias cosas: avances tecnológicos, dinero, mejoras en la calidad de vida y grandes ciudades, lo que podría traducirse en estos tiempos como el mero “capitalismo”.
Esta revolución en las industrias marcó un cambio en la cultura de muchos países, el incremento de la producción y sus constantes avances, nos llevan directamente a pensar en dos lugares catalogados como potencias mundiales en lo respecta al argot económico: Estados Unidos y China; ambos, con una apoteósica proyección e influencia en gran parte de la población.
Sin embargo, a veces parece mentira el daño que nosotros mismos le causamos al medio ambiente, ya sea, al desechar desperdicios en la calle, al no darle el debido mantenimiento al motor de los vehículos (lo cual produce un mayor escape de monóxido de carbono) y un sinfín de cosas que deterioran la capa de ozono aún más.
La Era Industrial conlleva a un crecimiento de la producción y por consiguiente de la contaminación a nivel mundial, en la cual se ven afectadas muchas personas que viven en zonas aledañas donde se construye o funciona la empresa, acarreándole a estas multas millonarias o el cierre total de su compañía. En la actualidad el desarrollo de materia prima será constante, y más cuando se originan innumerables productos en menor tiempo, que a diferencia de épocas anteriores costaba más, puesto que no se contaba con las maquinarias necesarias para ejecutar una producción en serie o de masas.
A todos nos encanta lo más novedoso, ir de la mano de lo último que saque a la luz una compañía en específico, pero a ciencia cierta si los seres humanos no le aportamos cariño al medio ambiente, nadie más lo hará. Un comunicador social juega uno de los papeles más importantes dentro de una empresa, y es el de asesorar y crear conciencia a nivel comunicacional a estos “jefes” que solo buscan mayor producción sin ver lo contraproducente que podría ser (al punto de generarse una crisis). Es una relación Ganar – Ganar, jactarse de grandes creaciones pero afectando a la humanidad, no los llevará a ningún lado.
Según un estudio de la Comisión Europea (CE), anualmente mueren 310.000 personas por enfermedades respiratorias generadas por los gases de escape de motores Diesel, por polvos finos y otras partículas en suspensión. Una cifra realmente elevada que no solo arruina la reputación de la empresa, sino que cobra vidas, al parecer… sin importarles. Por: @Luisurbe
Email: Luis_urbevzla@hotmail.com


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